Una Carta de Amor – Carta Abierta a Samadhi…

14 Feb

 Mis amigos,

Mi Maestro espiritual me dio esta carta escrita por él para que la compartiera con ustedes y con el resto del mundo.  Esta no es una carta regular…  Es una carta muy especial — tan poderosa que me brotan lágrimas cada vez que la leo.  Conozco a Samadhi personalmente y estoy segura de que esta  carta le llegará antes de lo que podamos pensar…

Un tremendo regalo demostrándonos el AMOR VERDADERO en el mes cuando tendemos a celebrar solamente el amor romántico…

 

Con todo mi amor,      

Madelyn.

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Una carta de Amor

Carta abierta a Samadhi

A mi querida Samadhi:

Samadhi Shanti Om                                                                                                                                                                      Por Luis F. Rivera,MD

No sabes las vueltas y vueltas y más vueltas que he dado para comenzar esta carta. Tal vez porque quería que las letras brotaran del corazón salpicadas con notas musicales provenientes del intelecto y acompañadas por el más puro amor que puede expresarse a través de las emociones y los sentimientos. Desafortunadamente las palabras son incapaces de manifestar las más sutiles expresiones del interior, como la vida es incapaz de expresar la inmortalidad del alma.

Cuatro años Samadhi, los primeros cuatro años de tu vida estuvimos juntos. Era un amor profundo, Divino, indescriptible y único. Un amor puro que no dejaba que ni aún los sentimientos y las emociones le tocara. Un amor sin apegos, pero que envolvía en su interior la fuerza mística y poderosa del mismo Dios. Un amor limpio que envolvía la dulzura que un padre siente por su hija, la ternura que un abuelo siente por su nieta, y la simpatía que un Maestro siente por su discípula. Y en ocasiones, te confieso que tus ojos manifestaban claramente la presencia de Dios en su aspecto femenino, emanando a través de los ojos de una inocente criatura.

            Nos amamos. Sabes, Dios sabe que nos amamos con sinceridad y cuando estábamos juntos el mundo entero dejaba de moverse, los relojes no daban más la hora y las rosas dejaban de perfumar. Por cuatro años fuiste mi hija, mi nieta, mi amiga, mi discípula y mi hermanita. Fuiste una luz que todavía sigue encendida, una antorcha que no se apaga más, un sol que calienta el universo, una estrella que no muere jamás.

            No niña, no te confundas. No estoy apegado ni obsesionado contigo. Es sólo amor, la fuerza majestuosa que une todos los corazones y que las personas nunca quieren ver, ni oír, ni sentir. Es sólo amor, aquello que hace girar la vida, esa fuerza poderosa a la que casi todo el mundo teme y que casi nadie se atreve a sentir. No te olvides que el amor sólo sabe amar. El amor no sabe de análisis, ni sabe de analítica ni logística. Su función es amar y sabe hacerlo muy bien.

            Nunca pensé que fuera posible una amistad tan intensa entre dos personas con edades tan extremadamente diferentes: más de 50 años de diferencia. Estuvimos unidos por cuatro largos y cortos años. Tres años y diez meses, para ser exacto. Y durante ese tiempo el mundo giraba en forma diferente. Durante ese tiempo se detuvo el universo en un suspiro. No sé cómo ocurría, pero en ese instante sufría una transformación interior y me convertía en un niño como tú y veía por tus ojos y sentía que tú podías ver a través de los míos. Era algo mágico, no hay palabras para describirlo. Vivíamos entonces una fantasía, un mundo de sueños donde jugábamos y nos reíamos, nos reíamos de verdad, de corazón, con grandes carcajadas que surcaban el espacio y llegaban a Dios transformándose en música celestial.

            No sé qué pasaba cuando estábamos juntos. Nos encontrábamos, nos fundíamos, nos enlazábamos y con risas y lágrimas, con asombro y alegría nos expresábamos la satisfacción que sentíamos al estar juntos otra vez. No sabes lo que te agradezco que hayas nacido, que hayas aceptado estar junto a mí todo este tiempo y que me hayas querido como lo has hecho. Me regalaste cuatro años de tu vida y yo los disfruté a tu lado a plenitud. Por eso me siento lleno de ti y no le reprocho a nadie el que nos hayan separado, pues sin ser parte de tu familia física tus padres te compartieron conmigo con confianza, sin reservas…con sinceridad. A veces me decías “papá” y entonces, como un chiste, tú me mirabas a los ojos y yo miraba los tuyos             y nos echábamos a reír haciéndonos cosquillas el uno al otro.

            Sabes, yo nunca quise casarme ni tener hijos. En esta vida yo no nací para eso. Aún mantengo esa postura. Yo nací para ser libre y dedicarme a la vida espiritual. El matrimonio sería una cadena para mí, que arruinaría mi vida. Entonces, como un rayo de luz que surca el espacio llegaste tú y te apoderaste de mi corazón sin pedirme permiso. Entraste sin tocar la puerta y sin ser vista te escurriste entre los matorrales de mi vida y dejaste mi corazón a la intemperie. Sabes mi niña, cuando uno va creciendo y se hace adulto se olvida de la niñez con mucho apuro… y tú…rompiste los candados de mis puertas, te escurriste en silencio y muy despacio en mis entrañas. Y con una mirada pícara y traviesa diste permiso a la luz para que entrara.

            Vuelvo a recalcar, por si acaso surge alguna duda en alguna mente morbosa, que es una amistad sana y saludable, inocente y pura, limpia, sin ninguna mancha; tierna y a la vez madura. Incapaz de dañar o ser dañada. Con mucha habilidad me hiciste recordar cómo es un niño, me hiciste conocer su inteligencia, su sabiduría, sus inquietudes, sus temores. Y me hiciste valorarlos, admirarlos, respetarlos y quererlos con todo mi corazón. Gracias, amiguita, por entrar a mi corazón y jugar con él. Gracias por destruirlo y construir para mí un corazón nuevo, más grande, fuerte y hermoso.

            Qué lástima que cuando nos convertimos en adultos olvidamos la grandeza de los niños, su profundidad espiritual y la relación tan bella que tienen con Dios. Bebé, me diste experiencias que nunca había tenido y por eso mi corazón reboza de agradecimiento.

            Hoy día aún no entiendo porqué nos separaron. Tal vez con la excusa de protegerte, por celos, por envidia o quién sabe por cual razón. Si la razón es que querían protegerte de mí, permíteme afirmar que nadie en este mundo, ni siquiera tus padres, han tenido el poder de protegerte tan intensamente como yo lo he hecho. Nadie en ninguno de los tres mundos se atrevía a hacerte daño. En cuanto a mí, nunca sería capaz de herir a una manifestación Divina, como lo eres tú. Así te percibo, aunque los demás sólo vean tu aspecto físico. De verdad, no lo sé. No hubo explicación. No hubo comunicación. Sólo sé que hasta hoy no he vuelto a saber de ti.

            ¿Sabes lo único que me reprocho? Que las últimas dos veces que nos vimos, al momento de despedirte, corriste desesperada a mi cuarto gritándome ¡cierra la puerta!, con ojos saltones y temerosos. Y te pegaste a mí con miedo… y yo fui tan torpe, tan estúpido, que no pude entender el mensaje que me dabas. No volveremos a vernos en mucho tiempo. Estabas intuyendo lo que iba a pasar y yo no me di cuenta. Y me reprocho el no haberte dado el abrazo más largo de mi vida en aquel momento.  Es importante que recuerdes esto mi vida: yo nunca te abandoné ni te abandonaré jamás. Tal vez nunca llegues a leer esta carta; o tal vez cuando la leas ya no esté en este plano material. Pero los momentos que pasamos juntos trascenderán el campo material, viajarán por el universo y nunca habrá separación. Nunca.

            Las personas que lean esta carta pensarán que estoy triste, pero no es cierto. Estoy contento. Sólo quería narrar parte de un evento muy importante en mi vida, para que no se olvide, para que las futuras generaciones te recuerden como te recuerdo yo. Yo no sé, niña buena, que cosas buenas o malas te han contado de mí. Ese es el propósito de esta carta, que tengas mi versión de los últimos acontecimientos, para que puedas crear en tu mente un panorama más amplio en el momento en que tengas que tomar una decisión. Porque te aseguro que ese momento llegará.

            En resumen, el Ser Supremo me brindó la Gracia de tenerte a mi lado por cuatro años y agradezco a la vida esa gran oportunidad. Te quiero mucho y siempre, pase lo que pase, estaré a tu lado ya sea en esta u otra dimensión, tanto en el presente como en el futuro. El futuro es tuyo, sé que lograrás alcanzar el propósito para el cual naciste. Animo. Camina firme…recto hacia la meta. Allí te espero.

            Tu vida será muy bella, puedo intuirlo. Pero también estará repleta de retos, obstáculos y pruebas. Muchos de esos obstáculos los colocaremos nosotros mismos en tu camino, los encargados de tu desarrollo espiritual, con el propósito de que tengas la oportunidad de superarlos y al hacerlo crecerás, madurarás y te elevarás por sobre todas las miserias de la vida. Estarás bien protegida, sin embargo desarrolla la sutil habilidad de discernir cuando deberás pensar con tu corazón y cuando deberás hacerlo con tu cerebro. No temas, a medida que crezcas tu intuición será más pura y más fuerte y tus pasos serán firmes y seguros. Confía en ti y el mundo se rendirá a tus pies.

            Tal vez en muy poco tiempo ya no te acuerdes de mí, pero hay huellas mías en tu profundo inconsciente que nunca se borrarán, así como tú has dejado huellas en mí que son imposibles de borrar. Somos uno, sabes, lejos o cerca, somos uno, un uno indivisible, único, absoluto… y la separación es imposible.

            Mi niña (te digo así porque no importa la edad que tengas siempre serás mi niña), los padres piensan que los niños que engendran son suyos y que pueden hacer con ellos lo que se les antoje, pero no es así. Los niños son hijos de la vida, pertenecen al universo y en su esencia al Ser Supremo. Los padres son sólo un instrumento a través del cual los niños nacen. Ellos son sólo los canales a través de los cuales los niños vienen al mundo. Sólo eso. Pero tú, amada mía, eres mi hija espiritual aunque otros padres te hayan engendrado, aunque a tus padres materiales les duela y reúsen aceptarlo. Por eso, desde que naciste demostraste una afinidad tan grande conmigo y un amor tan profundo que era capaz de despertar los celos y la envidia de algunos. Tú me reconociste desde que naciste y yo te reconocí antes de nacer. No sé porqué los seres humanos complicamos tanto las cosas. La vida es simple, pero la mente es complicada. La felicidad sólo se encuentra en las cosas simples de la vida.

            El mundo moderno es un mundo sin amor. Como no conoce el amor no conoce la paz. Por eso deseo que este amor que tú y yo hemos vivido, encienda la llama del amor dormida en cada ser humano, para que los padres aprendan a valorar la bendición que han recibido al tener hijos y que les amen con todo su corazón; y que los hijos amen y respeten a los padres sin reservas y con toda su alma, como nosotros nos hemos amado. Estoy seguro que esta carta romperá barreras, unirá corazones y despertará aún más el amor escondido en el corazón de la humanidad, dando frutos en todo el universo a través de los siglos venideros.

El amor puro existe, ¡Vívelo!

La distancia es como el viento: apaga la llama pequeña, pero aviva la grande.

Con Amor Divino,

Luis F. Rivera, MD
PO Box 416659
Miami Beach FL  33141

Si deseas ayudarme a recuperar a Samadhi, por favor envía esta carta a las cinco personas que más ames. Gracias.

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